Fiteranos II

 

CARTAS ARGENTINAS

(Artículo publicado en la Revista Fitero 2003)

Amalia Vázquez Magaña de Duprat, autora de estas CARTAS ARGENTINAS, de 63 años de edad y nacionalidad argentina, es nieta del fiterano, José Gregorio Magaña Yanguas. Licenciada en Servicio Social, esta descendiente de Fitero ocupa, entre otras actividades, un cargo ad honoren en una entidad privada de la localidad de Villa Elisa (provincia de Buenos Aires), donde reside actualmente.

Desde hace ya algunos años (estuvo en Fitero en 1973), doña Amalia Vázquez Magaña viene investigando sobre la familia fiterana de su abuelo. Sus investigaciones le han llevado a descubrir datos de auténtico interés histórico para nuestro pueblo. Deseosa por sentirse una fiterana más, convinimos en que sería interesante compartir con sus paisanos, gracias a la Revista FITERO, algún aspecto de sus investigaciones. Su título, CARTAS ARGENTINAS, responde, a nuestro juicio, a un interés creciente por conocer la historia de una generación que vivió de muy cerca el fenómeno de la emigración.

Las dos CARTAS que aquí se reproducen nos acercan a una época de la que conocemos todavía muy pocos datos. Fueron escritas por el fiterano, Santos Magaña García, padre del abuelo de Amalia Vázquez Magaña, José Gregorio Magaña Yanguas, protagonista principal de este artículo. Estamos seguros de que la lectura de esta primera colaboración de la fiterana, Amalia Vázquez Magaña, reavivará el interés por este periodo de nuestra historia contemporánea. Recuperar, en fin, las “pequeñas/grandes” historias fiteranas fue siempre uno de los objetivos de esta revista FITERO. J. B. A.

 

Por Amalia Vázquez Magaña de Duprat

Licenciada en Servicio Social

Argentina

FITERANOS EN ARGENTINA

Villa Elisa (Argentina), 3 de agosto de 2003

Para hablar de mi familia fiterana, los referentes fueron mis abuelos: José Gregorio Magaña Yanguas, natural de Fitero, y sus hijas, nacidas en Buenos Aires (Argentina): Mariana Magaña Estefanía (mi madre) y su hermana, Elisa Magaña Estefanía, con sus juveniles 88 y 82 años respectivamente. Todas ellas compartieron su infancia, mientras permanecieron en Argentina, con sus parientes fiteranos.

Mi abuelo, José Gregorio Magaña Yanguas - que trabajó en Argentina como “maestro mayor de obra” y se ocupó durante muchos años de una estancia de gran extensión de campo, propiedad del Dr. Tristán Achaval Rodríguez, a 45 kilómetros de Buenos Aires - cruzó el Atlántico alrededor de 1911. Viajaban con él sus primos: Miguel (padre de Ignacio Bermejo Yanguas), Felisa y José Bermejo Yanguas; estos dos últimos, padrinos del bautizo de mi madre e hijos los tres de Luisa Yanguas y Beltrán, casada con Jorge Bermejo Bergara, quienes, en el año 1917, se encontraban ya en Buenos Aires.

Luisa Yanguas y Beltrán era la séptima hija de Román Yanguas y Beltrán; y Román Angel Yanguas Pérez, el primer hijo varón de Dionisio Yanguas Pina (mi tatarabuelo), nacido en Fitero (8-10-1808), casado con María de los Angeles Pérez Ximenez, el 2 de junio de 1830. Este matrimonio tuvo once hijos, siendo mi bisabuela, Mariana Yanguas Pérez (1852-1897), la décima. Román Angel Yanguas Pérez (1831-1894) es, por consiguiente, mi tío bisabuelo y segundo bisabuelo de Ignacio y Esperanza Bermejo Larrea. Tanto Dionisio Yanguas Pina como Román Angel Yanguas Pérez eran hortelanos.

Desconozco el nombre del barco que los trajo a Argentina, aunque sé que la travesía tuvo sus contratiempos, pues mi abuela, Encarnación Estefanía Cuesta, comentaba a sus hijas, aterrorizada: “tu no te imaginas, hija, lo que es cruzar el Atlántico.”. Conocer este nombre hubiera sido un dato muy importante para mi investigación genealógica. Lo busqué en la CEMLA (Estudios Migratorios Latinoamericanos) - institución existente en Buenos Aires que posee una base de datos importante sobre inmigrantes llegados al Puerto de Buenos Aires -, pero, desgraciadamente, no los encontré. No es extraño, pues esta documentación estuvo mucho tiempo arrumbada en depósitos para deleite de los roedores.

 

José Gregorio Magaña Yanguas.

Mi abuelo José Gregorio Magaña Yanguas nació, pues, en Fitero (Navarra), el 24 de mayo de 1884, en casa de sus padres, calle del Barrio Bajo, nº 7. “Comparece – se puede leer en el Registro Civil de Fitero -, por una parte, Dña. Raimunda Ochoa, de Cervera– (Logroño), mayor de edad, viuda, en su ejercicio de partera, domiciliada en la calle de Los Charquillos. Y por la otra, su padre, Santos Magaña García, cortador, y su madre, Mariana Yanguas Pérez, dedicada a las ocupaciones propias de su sexo.” Este matrimonio se había casado, en Fitero, el 5 de Noviembre de 1872. Tuvieron doce hijos, de los cuales seis murieron – la mayoría antes de cumplir los dos años – de: enterocolitis, fiebre gástrica.

Al morir mi bisabuela (2 de noviembre de 1897, a los 45 años, de una enterocolitis, testando ante el notario del pueblo D. Juan José Hernando), Mariana Yanguas Pérez, mi abuelo José Gregorio Magaña Yanguas ingresó en el Seminario de Tudela. Tengo entendido, así mismo, que mi bisabuelo, Santos Magaña García (1847-1923) disfrutaba de una posición acomodada. Vivieron en la calle del Garijo, luego en la Plaza de Magallón (Paseo, actual, de San Raimundo) y, cuando murió, vivía en la calle del Cortijo. Al nacimiento de sus doce hijos, figura como propietario, carnicero, tocinero y, según me han contado, la muerte de mi bisabuela fue el detonante de su derrumbe económico. Por otra parte, la transmisión oral dice que, a la muerte de mi bisabuelo, Santos Magaña García, muchos allegados y vecinos decían, “pobres chicos”, aceptando la generosidad del bisabuelo que obsequiaba pertenencias.

 

Viaje a Argentina.

Antes de salir de España, en 1909, el Capital General de la Región, Coronel del Regimiento de Infantería, Antonio Lloma, en Logroño, concedió a mi abuelo, José Gregorio Magaña Yanguas, el pase a la situación de Reserva Activa, con arreglo a lo previsto en el artículo 5 de la Ley de reclutamiento de 11 de julio de 1885, modificada por la del 21 de agosto de 1896.

El 15 de febrero de 1911, inicia, junto con su padre, Santos Magaña García, viudo de Mariana Yanguas Pérez, los trámites necesarios ante el Juez Municipal, D. Vicente García Albericio, con el fin de que pueda embarcar con destino a Buenos Aires, en busca de trabajo. El mismo juez certifica que, habiendo examinado los registros y archivos municipales, no aparece castigo o delito alguno cometido por José Gregorio Magaña Yanguas; siendo por lo tanto de conducta observada de muy buena.

En Buenos Aires, contrae matrimonio, en 1915, con María Encarnación Estefanía Cuesta, oriunda de Alcocero de Mola, provincia de Burgos. Los testigos del casamiento son Jorge Bermejo Bergara y Luisa Yanguas Beltrán. Con la abuela Encarnación Estefanía Cuesta se conoce en el barco que, desde el puerto de Bilbao, los trajo a la Argentina. Es de suponer que, mientras navegaban, compartían la fantasía y la ilusión de un mundo mejor en América. Recordemos que, en esos momentos, existía en Europa una gran depresión económica y que nos encontramos en vísperas de la I Guerra Mundial (1914-1918).

Mi abuelo muere en San Miguel (Buenos Aires), el 18 de abril de 1956, y está enterrado en Buenos Aires, el lugar, según él, más apropiado para conservar sus huesos, ya que allí había conformado su familia, con sus hijos y sus nietos. Laboralmente, las cosas no le fueron tan mal, porque, ni bien llegó, comenzó a girar dinero a su padre, como se puede apreciar en el documento del Banco Español del Río de la Plata, a través del cual, el día 11 de junio de 1913, envía 50 pesetas, para que las reciba Gervasio Alfaro y las entregue a su padre. Esta bonanza económica la pude comprobar yo misma durante mi infancia.

Varias son las cartas que, relacionadas con mi familia, conservo todavía. He seleccionado las dos que enviara mi bisabuelo, Santos Magaña García, residente en Fitero, a mi abuelo, José Gregorio Magaña Yanguas, en la Argentina, por ser las más ilustrativas del contexto histórico en el que se desenvolvió la emigración fiterana a América. En la primera, la letra de mi abuelo es clara y su expresión, contundente. En la segunda, se detectan síntomas de agotamiento físico y moral, reflejados en tachones provocados, parece, por las lágrimas que derramaba mientras iba escribiendo.

I

Carta (14 de noviembre de 1911)  de Santos Magaña García a su hijo, José Gregorio Magaña Yanguas. (Lleva el membrete de “H. Falces e hijo. Destiladores.”)

 

“Querido hijo: Recibí la tuya fecha 14 del pasado y también recibí las 50 pesetas. Ya las hice efectivas y, en cuanto lo supo el público, se alegró mucho y me daban la enhorabuena.

Mucho me alegraré que cumplas lo que me ofreces de ponerme una peseta diaria porque bien la necesito, pues ya sabes que soy viejo y pobre y a quién mejor que a tu padre has de favorecer y, si Dios premia y da ciento por uno las limosnas que se hacen a los pobres, ¿con cuánta más razón premian las que se hacen a los padres?

Supongo que te habrán escrito tu hermano y cuñada, porque no querían que te escribiera yo, pero tengo que hacerlo para que sepas cómo he invertido las 50 pesetas: me compré un tapabocas: 15 pesetas; unas botas: 10 pesetas; 2 pares de calzoncillos: 4; un pantalón de pana: 7´50 pesetas y otras cosillas y, lo que me sobra, para comprarme algo de lo que no dan en casa; tal vez te habrán dicho lo que hayan querido, pero esto es lo cierto, aunque vaya al café algún domingo. Los sobrinos están muy gordos y buenos.

Yo todas las tardes voy a cuidar el ganado, de manera que no estoy hecho un vago. A pesar de lo que te digo arriba de las pesetas, si te hace falta lo primero eres tu; y si mandas algo mándale a Santos Liñán, que dice que tiene giro en esa; y si no puede ser a Santos, mándalo como ahora en casa de Gervasio. De todos los modos, cuando mandes algo ha de haber algún disgusto en casa, porque lo quieren todo para ellos y a mi no me darían nada; así que las cartas las mandas a mi nombre certificadas.

Muchos recuerdos de la Fermina y Emeterio que paso algunos ratos con ellos, para calentarme en el rincón; y de tu prima, la Luisa, y desearía que te llevases bien con todos los parientes que tienes en esa y tu recibe recuerdos de tus amigos en particular del Motolo y manda a tu padre que te quiere. Santos Magaña.

 

II

Carta (27 de junio de 1922) Santos Magaña García a su hijo José Gregorio Magaña Yanguas.

 

Querido hijo José.

Me alegraré que al recibo de esta te halles bueno, en compañía de tu esposa y los chicos. Me extraña mucho que me digas que no has recibido ninguna carta mía, porque siempre que me has enviado dinero te he contestado. La última fue cuando le diste a Nicasio Falces las 29 pesetas. También recibí los retratos y cinco pesetas con el hijo del Señor Nazario y de Eloysa. Tu hermano, cuatro de familia, pero les da mala educación. Mira a ver si los educas tu mejor. Pongo en tu conocimiento que tu hermano tiene cuatro vacas: dos lecheras y dos jóvenes. Tu cuñada siempre con mal genio. Dispensa la letra porque tengo 75 años para todos los Santos.

Sin más muchos recuerdos a Manuelillo, tu primo. Más adelante te contaré otras cosas.

Sin más un abrazo a mis nietos. Tu hermana, la Bernarda, está monja en Cádiz. Se marchó con sus miles de pesetas a las ricas y yo con eso he perdido mucho porque me enviaba todos los años un traje y alguna pesetilla.

Dispensa la letra porque tengo mal pulso.

Tu padre. Santos Magaña.

 

(Falleció en mayo del año siguiente.)

Querido Primo José. Deseando sigas bien, en compañía de la Encarna, Mariana y Elisa. En esta tu casa, todos bien, para lo que gustes mandar.

José, nos suponemos que, al ver la letra de tu padre, te alegrarás y (...) te digo porque él te dice que nosotros debemos decirte que ya le entregué tu encargo y él lo coge poco a poco. El nos pide. Nuestro viaje fue bastante malo. Jorge y yo nos mareamos, pero Felisa y (...) nos cuidaron bien, porque ellos no se mareaban y se han portado bastante bien en todo el viaje. Jesusa, según, está en Barcelona. Pena nos dio que no la vimos. La Bernarda, según, está en Cadiz. Y estar nosotros día y medio (allí) y no saberlo, para haber podido verla... Lo sentimos mucho.

El pueblo ha progresado bastante, porque auto y camiones no falta. Los comestibles valen muy caros: los huevos, 12 reales la docena; la carne, 4 pesetas kilo. Así que la vida se hace imposible.

Santos, nuestro tío, lo hemos encontrado bien y contento. En lo demás, hasta (...) sino que cada día nos recordamos más de todos. Ahora enseña tanto calor y en esa ¡qué frío tendréis! Mariana dice, tu madrina, si te acuerdas de nosotros. De nuestra residencia, no tenemos que decir nada. Ya sabéis dónde tenéis vuestra casa para todo lo que gustéis.

Y, sin más, por ahora, se despiden vuestros tíos que sabéis os aprecian y bien desean; y recibir los más cariñosos recuerdos y besos a Mariana y Elisa de sus tíos y madrinas y vosotros, José y Encarna, (...) a vuestros tíos que os aprecian y vuestro bien desean.

Jorge Bermejo. Luisa. Felisa.

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Amantes de la ópera.

Además de José Gregorio Magaña Yanguas, mi abuelo, fueron muchos más los fiteranos y fiteranas que hicieron la travesía del Atlántico en busca de un futuro mejor. María José Yanguas Morales [1], por ejemplo, comenzó su viaje cuando tenía tan solo dos años (ahora tiene 77). Pues bien, esta fiterana de nacimiento (hija de Miguel Yanguas Fernández, hermano éste de Lorenza Yanguas Fernández, madre a su vez de Generoso, Nicasio, Natividad, Dolores, José, Luis y Carmen Andrés Yanguas) tuvo, durante 40 años, un abono en el Teatro Colón (a las dos nos gusta la ópera) de Buenos Aires, para el mismo día y el mismo sector, a tan solo 10 butacas de mi asiento. La casualidad ha hecho que nos conociéramos y pudiéramos descubrir los lazos familiares entre nosotras (su tía, Lorenza Yanguas Fernández era prima carnal de Miguel Yanguas Bermejo, primo de mi abuelo, José Gregorio Magaña Yanguas)  y los que nos unen a Fitero.

Esta investigación me ha dado muchas satisfacciones. Si mis antepasados pudiesen vivir hoy estarían sumamente orgullosos de su descendencia al ver a la generación actual con uno o más títulos universitarios.

(El artículo es, al mismo tiempo, una carta. Habría, pues, que tratarlo como tal. Al final, habría que reproducir la firma de la autora)


Fiteranos

 

 

Teodoro Muro Gil

Por Jesús Bozal Alfaro

Escribe Gabriel García Márquez en su libro “Vivir para contarla” que La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.” 

Y Teodoro Muro Gil (Fitero, 1933), a quien el Gobierno de Navarra homenajeó el pasado mes de marzo por sus años 20 años al frente de la Estación Metereológica de Fitero, quería contar sus 65 años en la casa de Don Juan Cruz Lahiguera, calle D. José María García Lahiguera, cuya hacienda administró durante muchos años sin el más mínimo problema. Quería contar Teodoro también su veneración por el majestuoso Pino que ha sido testigo fiel de todos los avatares de su vida, junto a su mujer, Pilar Rupérez Huete, sus cuatro hijos (Roberto, Belén, Raúl y Barda) y sus 6 nietos.

No le importa, sino todo lo contrario, que le llamen “Candelas”, pues viene de Candelaria, el nombre de su madre. Su padre, Victoriano, era un agricultor que solo pensaba en trabajar, nos dice. De niño fue a la escuela con D. Benigno, un maestro forastero, al que, estando en la posada, su madre lavaba la ropa; a cambio, Don Benigno daba clases particulares a su hijo.

Hombre emprendedor, valiente, con instinto de comerciante, Teodoro, Doro, ha puesto todo su empeño en todos los negocios que ha emprendido. Recuerda el día en que, empleado de la trilladora del Felipe Forcada, volcaron en “Lo lejos” con una camioneta que transportaba un viaje de mies de Lucio Bozal, mi padre.

La “mili” la hizo en Burgos en 1953, como asistente, durante un año y medio, del teniente José Pérez Rodríguez, cuya familia lo cuidó como a un hijo, y al que él recuerda, nos dice, todos los días. Nos enseña su recordatorio, que forma parte importante de los muchos documentos gráficos, que llenan sus numerosos álbumes personales y familiares.

Casado en 1963, la leña (cortar olivos, chopos, serrarlos y distribuirla), en invierno, la labor en las fincas de espárragos, en verano, con su mula mecánica moderna, la compra de fincas, las obras en la casa de los Lahiguera, le han permitido ser, durante toda su vida, un hombre independiente, autónomo. Ha tenido también tractor, cosechadora; ha administrado el trujal del Barrio Bajo, y la promoción de la barriada de casas “García Lahiguera”… Nunca, asegura, le han faltado iniciativas. En 1956, fundó, con una cincuentena de fiteranos, la Peña “Calatrava”, que revitalizó durante unos pocos años la vida juvenil fiterana. Fue una idea de Don José García Fraguas, nuevo coadjutor de la Parroquia, en un intento por reunir a la juventud.

“No tengo colores”, nos asegura. Ni en la política, ni en el deporte. Le gusta todo: el cine, el teatro, la televisión, la pelota, los toros,... Lee el periódico todos los días. Nos enseña recortes con fotografías de árboles: olivos, chopos,… ¡Han sido tan importantes en su vida! Competitivo, una vez se presentó a un concurso de calabazas. La ganadora pesaba más de 300 kilos; la suya solo ochenta. Las anécdotas le fluyen sin parar. Y quiere contarlas todas. Para sembrar cebollas, continúa, “cubro el trozo de tierra con plástico, pongo las plantas y, cuando ya están nacidas, lo quito.” El plástico mantiene la humedad, comenta.

Teodoro Muro es, y ha sido siempre, un hombre feliz, asiente con la cabeza. “Ahora no puedo trabajar como antes –reconoce-, pero me entretengo en este huerto, que tiene mucho trabajo.” Un huerto que conserva la primera piscina del pueblo, y en el que se encuentra la Estación Metereológica de Fitero (Fitero-2005; Fitero-2006), de la que extrae los datos que facilita todos los días por teléfono a AEM (Agencia Estatal de Meteorología): temperatura, humedad, lluvia, viento, etc. Y datos de Fenología.

          Si escribiera un libro con sus vivencias, el Pino amigo ocuparía sin duda un lugar destacado. Necesitaría una limpieza, admite. Hace unos años le puso un aspersor para protegerlo contra la procesionaria. Ahora lo utiliza, de vez en cuando, para refrescarlo. Desde que lo cubicaron en 1952 (5 metros cúbicos), su volumen no ha variado apenas. Un pino que, como escribe Manuel García Sesma, en su precioso poema, El Pino de Don Juan Cruz: “a sus plantas ruedan hombres y eventos, / flores, aves y siglos, y él continúa firme, / como un airoso símbolo del alma de Fitero.”

   Teodoro Muro Gil quería hablar del Pino y de la familia Lahiguera para la Revista Fitero. Quería expresar su agradecimiento a todos y cada uno de sus miembros: José María, Antonio, Jesús, Maruja, Asunción, Félix García y Concepción Guelbenzu,... Hemos cumplido la misión. Teodoro y su familia han vivido, y viven, en un pequeño paraíso, gracias a su buena relación con la Familia Lahiguera, fiterana de pura cepa, desde que el día 26 de diciembre de 1951, recuerda Teodoro, comenzara a trabajar, él y su padre, en una de sus fincas del Abator. Toda una vida de dedicación y agradecimiento correspondido. 



D. Tomás Ruiz de Mendoza y López de Heredia

Doña Pura María de la Concepción Pérez Luquin

FARMACEÚTICOS FITERANOS

Entrevista con su hija, Dña. Carmen Ruiz de Mendoza Pérez  

Por Jesús Bozal Alfaro

Discurría el año 1917. Fitero, un pueblo eminentemente agrícola, estaba mucho más poblado que ahora. En sus casas, los niños y los abuelos convivían con jóvenes, adultos y toda clase de animales para el trabajo y la subsistencia. El dinero escaseaba. El trabajo también. Los hombres y las mujeres arrancaban de la tierra el sustento diario. Había más unión que ahora, insisten quienes conocieron aquella época. Aquel mismo año hubo un cambio en la titularidad de la farmacia del pueblo. Don Fernando Palacios se marchaba y vino a sustituirle otro farmacéutico, nacido en Vitoria: D.  Tomás Ruiz de Mendoza y López de Heredia. Su mujer, Doña Pura María de la Concepción Pérez Luquin, había nacido en Lerin. Trajeron con ellos a sus cuatro primeros hijos: Higinio (fallecido en 1918), Tomas y Carmen (nacida en 1915) y Castor. Luego nacerían, en Fitero: Mª Eulalia y Basi. Las dos ya fallecidas.

 

Hablar con Doña Carmen Ruiz de Mendoza de su padre, Don Tomás Ruiz de Mendoza, infunde, al reportero, un gran respeto, pues, desde niños, nuestra madre, nuestro tío Jesús, nos han hablado de él en ese mismo tono. Don Tomás, que fue farmacéutico de Fitero durante más de 40 años, era, a decir de quienes le conocieron, un hombre respetado y muy apreciado por la inmensa mayoría de los habitantes del pueblo. Para hablar de él, de su mujer, Doña Pura, de su vida en Fitero, no podíamos tener mejor interlocutora que su hija, Doña Carmen Ruiz de Mendoza, farmacéutica, que ocupa actualmente una plaza en la Residencia San Raimundo. Su testimonio, la idea que uno se ha hecho de este hombre y los recuerdos que conservan muchas personas del pueblo, nos ayudarán sin duda a acercarnos lo más posible de una figura importante para el devenir histórico de Fitero.

 

FARMACEÚTICO.

¿Quién era Don Tomás Ruiz de Mendoza y López de Heredia?

Pues era mi padre, un farmacéutico de Vitoria, nacido en 1888 (26 de julio). Murió en 1966 (11 de julio), cuando todavía no había cumplido los 78 años. Y mi madre, Pura Pérez Luquin, murió hace unos doce años, a los 98 años; el mismo día que los cumplía. Mi padre era un hombre culto (leía muchísimo), introvertido, inteligente, dispuesto siempre a ayudar a los demás. Daba clases a la gente (a los que suspendían): física, química. Gratis. A sus hijas también. Por otra parte, a mi padre le gustaba mucho andar, por deporte. Era una necesidad física para él. Todos los días, hiciera el tiempo que hiciera, y siempre por el mismo sitio: el camino de Hospinete. Seguramente porque era un lugar solitario, de fácil localización, con un paisaje precioso, que él admiraba mucho. Recuerdo que, cuando estudiaba geología, me recogía plantas de esos campos, que yo utilizaba posteriormente para mis exámenes. Tengo que decir que esta zona del Hospinete tiene muchas plantas diferentes que no han sido explotadas como merecerían. Hay una planta de té exquisita.

¿Dónde estaba ubicada la farmacia cuando vinieron ustedes?

En la casa de los Palacios Pelletier; justo en donde estuvo hasta hace poco la regentada por D. Agustín Catalán. Luego, Papá compró dos casas en la calle Lejalde e instaló allí la nueva farmacia, que todos hemos conocido durante tantos años.

¿Cómo era aquella farmacia?

En cierta manera, mejor que ahora, pues era un centro de inspección. Antes que mi padre estuvo D. Fernando Palacios y, antes que él, creo que hubo dos más. En aquellos tiempos, no existía la Seguridad Social y, ya sabes, quienes más necesitaban la atención sanitaria eran los humildes. Había una especie de igualas, tanto para la farmacia como para los médicos. Pero, había mucha gente que ni siguiera eso podía pagar. Teníamos de cobrador a Barea. Pagaban, pues, como podían, pero nunca nadie se fue de la farmacia sin medicinas, por falta de dinero. Jamás. Por lo demás, la farmacia estaba dividida en dos partes: una, destinada al público, con un mostrador de mármol, las vitrinas, etc., y, otra, que llamábamos la rebotica en donde teníamos los libros, la máquina de escribir, la mesa para charlar, jugar, etc., además de otra mesa de mármol en la que se preparaban las medicinas. Detrás de la casa se localizaba lo que llamábamos nosotros “el chorrón” y un pozo, de donde sacábamos el agua corriente. Nosotros, gracias a ese pozo, siempre tuvimos agua corriente. En el patio estaba también la fábrica de lejías.

¿Y cómo funcionaba? ¿Se hacían allí mismo los medicamentos o los traían de fuera?

Había de todo. Pero se hacía mucho medicamento en casa: pomadas, jarabes....La medicación era más personal. Ahora no hay jarabes, son todo soluciones. Los jarabes no se pueden embotellar, porque como son el 90 % de azúcar, se pasan, se mueren.

La gente iba a la farmacia a pedir consejo, medicamentos,...

Sí, sí. Había dos médicos entonces y recetaban. Estuvo Don Benjamín Retuerta, casado con doña Isabel Huarte. Luego vino Don Miguel Herrero y su hijo. Pusieron una especie de clínica para cirujía menor. Estaba también Don Higinio Duclaux. Había dos titulares. El servicio sanitario era completo. Nosotros atendíamos las 24 horas y los médicos también.

Es decir que cuándo alguien se ponía enfermo, todo se resolvía aquí; nadie salía del pueblo. Aquí se vivía y se moría sin más. ¿Es así?

Si, si.

¿Y cómo era su padre como farmacéutico?

La primera sensación que se tenía era la de estar ante un hombre serio. La gente lo veía con mucho respeto. Mi madre se la veía, en ese sentido, como más cariñosa; tenía una relación más directa con la gente.

¿Y cómo vivía aquel oficio?

Como una profesión cualquiera. Era un hombre muy profesional. Se abría a sus horas y por las noches, si había algún problema, venía el sereno y se atendía siempre la llamada.

¿Y el ambiente de la farmacia?

Muy bien. No se hacía ningún tipo de diferencias con nadie. Las chicas del servicio eran tratadas por mis padres como si se tratara de sus hijas. Mi padre las enseñaba, quería que aprendieran. No existían distancias con la gente. Ahora las farmacias son más sofisticadas. No se hace lo que se hacía entonces: hacíamos todo en casa y personal. La farmacia era una especie de ambulatorio.

¿Se confundía la farmacia con la casa?

No. La farmacia era un mundo aparte. Allí se despachaban medicamentos, se atendía a la gente y se hacía lo que había que hacer. Fuera de la farmacia, mi casa era un lugar muy abierto, en el que entraba mucha gente.

¿Patentó algún jarabe,.....?

No quiso. Se recetaba siempre según el enfermo. La medicación era personalizada.


DON TOMÁS Y EL PUEBLO.

Y su relación con el pueblo.

Se relacionaba con todo el mundo. Entonces había más unión. En casa se reunían médicos, curas,... En la rebotica, jugaban al tresillo, se intercambian libros. Se debatía de todo. En aquel tiempo había un movimiento intelectual muy importante dentro del pueblo. La gente que lo necesitaba encontró siempre ayuda en casa. Era un hombre que se daba a los demás, dentro siempre de una gran discreción y seriedad.

¿Qué personajes destacaban entonces en Fitero?

Fausto Palacios, con quien mi padre, a pesar de ser más joven, mantenía una gran relación. De la edad de mi padre estaba Gervasio Alfaro, que fue, durante algún tiempo, alcalde; el veterinario Urtasun,.....

¿Se puede decir que su padre era uno de aquellos intelectuales fiteranos que estaban muy apegados a la realidad del pueblo?

Yo creo que sí. Mi padre leía mucho y había leído mucho. Conocía el mundo que le rodeaba, aunque, como es lógico, no hubiera viajado como se viaja ahora. Recuerdo que, cuando me tocaba viajar a algún sitio, siempre me aconsejaba visitar tal o cual museo, catedral, y me pedía que, cuando volviera, le hablara de ello. Mi padre hacía cuanto le era posible para no quedarse rezagado, ni intelectual ni científicamente. 

¿Tenían coche?

No. No tuvimos jamás. Tampoco quiso comprarles nunca a mis hermanos moto. Sin embargo, a los diez años yo ya tenía mi bicicleta. La primera del pueblo. Me la hizo pagar a mí, de mi hucha, en la que metía las rentas, unas monedas de cincuenta céntimos de plata. Me costó 150 pesetas. Era una monada.

¿Qué curas había entonces?

Don Nicasio. Vivía cerca de aquí. Nos daba lecciones. Los curas eran gente estupenda.

¿Conoció usted a Don Santos?

Sí. También a Don Julio Yanguas y a un tal Taberna, primo mío, que tiene ahora un sobrino, Javier Taberna, presidente de IU en Navarra.

¿Cómo era el pueblo en aquel entonces?

Había necesidad en el sentido de que no circulaba apenas dinero. La gente vivía de sus cosechas. Y, por otra parte, estábamos las familias del boticario, los médicos, el veterinario, etc. Todos vivíamos un poco para todos. Por eso te insisto tanto en el gran ambiente de unión que reinaba entonces en el pueblo.

Dado que su padre era de Vitoria, ¿se consideraba vasco?

Era vasco. Toda su familia era vasca, pero mis padres se hicieron navarros. Es más, los hermanos de mi padre eran todos farmacéuticos. Pues bien: ninguno se quedó con la farmacia de su padre.

 

DOÑA PURA.

¿Y cómo era su madre?

Mi madre era una mujer guapísima. Tenía un tipo precioso. Vestía muy bien. Vino aquí casada, con hijos, tenía mucha amistad con todo el mundo.

¿Por qué Doña Pura, su madre, es, para mucha gente de Fitero, casi un mito?

Porque trataba mucho con la gente: “¿Doña Pura, quiere usted unas patatas a cambio de tal o cual medicina, jarabe?”. Le gustaba ese trato. Mi madre estaba más a la vista que mi padre. Intelectualmente, mi madre tenía mentalidad francesa, pues se había educado, interna, en un colegio de Francesas, en Lourdes. Al principio, hablábamos en casa en francés, luego aquello se fue perdiendo....

Su vida en Fitero conoce una primera situación de crisis con la llegada de la República, en 1931. ¿Cómo se viven aquellos momentos en la Botica?

Como éramos pequeños, la vivimos con una cierta angustia. Todos estabamos en los colegios. Pero, no pasó absolutamente nada.

Luego vino la Guerra.

Entonces despacharon a mi padre del Casino. Quisieron echarlo del pueblo. Incluso pretendieron requisarle una casa. Mi padre jamás se metió en política. Jamás. Mi padre era inspector de farmacia. Por aquella época, de veterinario estaba el padre de doña Genara Urtasun. Luego, un tal Demetrio Pérez y, finalmente, Angel Yanguas.

¿Cómo se vivió aquel trauma?

Cogió a todo el mundo por sorpresa. Te tachan de roja, te dejan de lado. Pierdes a las amigas y te encierras en casa. Mi padre jamás habló de política; al menos, con nosotras. En mi casa se vivía un ambiente de estudio, de cultura, de discusiones. Mis hermanos se fueron soldados.

¿Pagaron su trato deferente con los pobres?

¡Es que tenía que serlo! Aunque no nos pagaran. Su salud valía más que su dinero. ¡La gente pedía medicamentos, no pasteles! Y eso, me parece, no se veía bien. Al único hermano de mi madre le fusilaron. Se llamaba Evaristo Pérez Luquin. Mi casa se parecía mucho a la ONU: mi abuelo era carlista; mi abuela, liberal; mi madre supongo que sería carlista también, aunque nunca se metió en nada.  Mi padre nunca fue militante de ningún partido ni se definió públicamente. Nunca fue concejal. Le buscaban, sobre todo, para temas de testamentos, solucionar problemas entre la gente,..... Eso sí. Ayudó mucho en ese sentido. Era una especie de juez de paz.

Era una persona respetuosa.......

Efectivamente...... Después, le prohibieron despachar; tenía que estar dentro. Así estuvo meses y meses. Años.......Además de ponerle dos guardias en la puerta. Entonces mi madre se convirtió en la relaciones públicas de la casa. También nosotras despachábamos: Mª Eulalia y yo misma. Sobre todo yo.

¿Sintió mucho aquel trato tan vejatorio?

Sí, pero nunca hablaba de eso ni nos predisponía contra nadie. Tenía una gran inteligencia. No se rebeló nunca. No expresaba nunca sus sentimientos. Tenía sus opiniones, pero consideraba que su oficio/servicio le impedía pronunciarse en uno u otro sentido. Lo fundamental para él era hacer bien su trabajo, ocuparse de sus enfermos, servir al pueblo. Así que, cuando se jubiló y pudo dejar esto, se marchó en silencio, sin decir nada. Mi madre siguió siempre a mi padre y tampoco expresó nunca sus sentimientos. Con los hijos, jamás.

¿En qué año se marcha su padre de Fitero?

Cuando se jubiló. Tenía 70 años. Mi padre tenía un carácter muy fuerte. Recuerdo que cuando le echaron del Casino ya no volvió, aunque se lo pidieron. Cuando se fue, llevaba ya tres años enfermo de un cáncer de estómago. Jesús Yanguas iba a menudo a verle. Y mi padre se lo agradeció mucho. Se marcharon a Pamplona, en donde habían comprado un piso. Allí vivió con mi hermana hasta que murió.

¿Y si no iba al Casino, qué hacía?

Iban a pasear, jugaban al tresillo o al julepe. Fitero fue cambiando poco a poco......


UN HOMBRE LIBERAL.

 

¿Qué tipo de libros leía?

Tenía una buena biblioteca. Leía mucho: Baroja, ......

¿Y qué música prefería?

La seria, clásica. A mi madre también. Eran muy melómanos.

Se puede decir que sus padres constituían una pareja perfecta.

En ese sentido, creo que sí. No exteriorizaban fácilmente sus sentimientos, pero yo no recuerdo haberles visto regañar nunca. Al menos, delante nuestra.

¿Era más liberal su padre o su madre?

Papá. Recuerdo que con motivo de unas elecciones en las que por primer vez podían votar las mujeres, vino a casa a pedirnos el voto el Sr. Irujo, del partido nacionalista vasco. Mi padre le dijo que era vasco pero que no era nacionalista y mi madre le dijo, mira, te voy a votar como amigo, no como político. O sea que tampoco sería nacionalista........... Luego, cuando Irujo estaba en Francia, yo le llevaba dinero que me daban para él. Y, cuando vino a España, estuvo con mi madre, vino a casa, pero su hija Mirentxu se casó en Londres y ya no volvió. Todos los Irujos han sido de casa.

¿Conoció usted por aquella época a Manuel García Sesma?

Mi padre vino a Fitero tras comprar la farmacia de los Palacios Pelletier y estos tenían una gran amistad con Sesma. Sobre todo Luis. Yo lo conocí en Madrid, cuando estudiaba. Con Papá tuvo también relación. Los domingos me solían llevar a comer uno u otro, a casa de doña Maruja y allí vi alguna vez a Manuel García Sesma. Estuve en la boda de Luis. Quizás mi padre influyó para que lo colocaran en el laboratorio de Luis. La mujer de éste se llamaba Gloria, que era amiga de mi madre. Tanto es así que Lorenzo Luís escribió una pieza musical titulada: “Gloria Pura”, las dos mujeres de los boticarios.

Me acaba de decir que su padre conocía muy bien el Monasterio.

Lo conocía mejor que tu y mejor que yo. Hasta la última piedra. Hizo más: nos lo inculcó a los demás. Cuando quitaron la verja que separaba el altar mayor de la nave, no le hizo mucha gracia. Mi padre era así: nunca expresaba sus opiniones públicamente, aunque, como en este caso, las tuviera y muy críticas. Mi padre fue una especie de guía para todos nosotros. Y como todos estudiábamos carreras de ciencias, él completaba nuestra educación inculcándonos todas esas materias que solo se estudian en las carreras de letras.

¿Cree usted que la gente, el pueblo, reconoció a su padre todo lo que había hecho por ellos?

Si. Creo que si. Nunca, a pesar de todo, tuvo la sensación de estar sólo. Leía, estabamos nosotros, su familia. La gente iba a verle.

Se fue de aquí, sin embargo, con cierta amargura. ¿Por qué?

Se fue, efectivamente, con amargura. En aquel momento, se le hizo un cierto vacío. La gente no le reconoció, en ese momento, lo que había hecho. Luego, ahora, creo que si.

SOY HIJA DE MI PADRE

Doña Carmen Ruiz de Mendoza se parece a su padre y a su madre. De su padre conserva ese porte de seriedad que infunde al mismo tiempo respeto. Conversar con ella es fácil. Transmite vitalidad, optimismo, apego a la esencia de la vida. Habla de todo, sin ningún tipo de prejuicio. Tiene sus opiniones y no duda en expresarlas. Pero, como su padre, nunca las expresaría en público. Se siente bien siendo lo que ha sido y lo que es: hija de su padre. De su madre ha heredado esa capacidad para ser portavoz de las opiniones de su padre, que coinciden con las suyas.

Mientras estuvo en Fitero, de niña, fue a la escuela con Doña Genara. A los seis años, su padre la mandó a estudiar música con el maestro Viscasillas. Fue su primera alumna, allá por el año 1935. Estudiante de Farmacia, en la Universidad de Madrid, perdió los tres años de la Guerra, que tuvo que recuperar después, uno a uno. Terminada la carrera, comenzó el doctorado, trasladándose a Zaragoza para licenciarse en Químicas. Luego, se casó y ejerció la profesión de su padre durante 40 años, en Beasain. Mujer capaz, como su padre, llegó a ocupar, durante 14 años, el cargo de Vicerectora de la Cooperativa de Farmacia. Entre sus publicaciones, siempre dentro de las revistas relacionadas con la Farmacia, escribió la Historia de la Farmacia en Navarra, sacando a relucir la historia de las Farmacias y farmacéuticos de Fitero. 


Carmelo González Fernández

 Texto Jesús Bozal Alfaro

Carmelo González nació el 13 de julio de 1936 en el número… de la calle Mayor, propiedad de Irene, criada de don Guillermo y prima de su madre, Juanita Fernández, a quien, alumna de doña Constancia, y le hubiera gustado ser maestra. Su padre, Luis, cazador, renunció a la caza antes de casarse. Murió joven. Tenía tan solo 43 años.

Carmelo tuvo como maestros a Don Gregorio Calleja, D. Evaristo, D. Ulzurrun y Don Manuel, aunque este último poco tiempo. A los 11 años, dejó la escuela para ayudar en casa y trabajar como jornalero

En 1955, cuando tenía 19 años, emigró a Australia. Su hermano llevaba ya allí unos cuantos años. La ocasión se presentó durante la obra de la piscina del huerto de los Lahiguera. Antonio, el hermano mayor de los hermanos, era cónsul en ese país y fue él quien les animó a probar suerte. Antes, en 1952, marcharon el Cachorro, hermano de Carmen, la madre de manolo el pollo, y el Pablito. Más tarde, en 1955, el Darío y él mismo. Carmelo volvería a los cuatro años, pues, su hermano Jesús tenía que ir a la mili y él tenía que atender a su madre.

Viajar a Australia, un bohemio él, nos asegura, le hacía ilusión. Observador, atento a todo,… Si no hubiera ido a Australia, nos confiesa, le hubiera gustado participar en algún conjunto de música. Tenía vocación para la música.

Antes de hacer el viaje, los papeles, las revisiones de todo tipo le ocuparon un largo tiempo. De Fitero a Castejón, una mañana… Y de allí hasta Barcelona en tren. En tercera. Durante el viaje, les dieron unas latillas para comer. En la capital catalana se embarcaron en otro tres de tercera o de cuarta, en vagones para animales. Luego se juntó con un matrimonio de matrimonio de carniceros madrileños, que, comenta, no tenían muy claro el motivo del viaje.

Génova le chocó, le causó sensación: el orden, la policía de la marina,… En el barco, el Galilei, que le llevaba a su destino no se mareó en ningún momento. El viaje duró un mes. Treinta días bordeando el mediterráneo y los países árabes: Nápoles, Fez (Marruecos), hasta llegar a Adelaide y Melburne, a donde llegaron de madrugada. En el puerto le esperaban su hermano y un amigo de éste. Su hermano le tenía reservado un trabajo en Elkon, una fábrica de tubos de cemento de distinto grosor. El trabajo era bueno y estaba bien remunerado: 12 dólares por día. En España ganaba 12 pesetas. Como le vieron muy activo, enseguida le dejaron solo con su máquina.

La lengua fue uno de sus primeros obstáculos. Pero, deseoso de comunicarse con su nueva lengua, llevaba siempre consigo un pequeño carnet, en el que anotaba fonéticamente (como se pronunciaba) lo que oía. Luego, cuando tenía que utilizar el inglés, sacaba el cuaderno y construía sus frases con las palabras que él había copiado en él. No entendían lo que había escrito, pero sí lo que decía.

Su hermano estaba casado con Araceli Blanco, de Palencia.

Las primeras palabras que aprendió en inglés: cuchara, gaseosa, tenedor, pan y vino.

Al final, se defendía en inglés. Le gustaba hablar en ese idioma. Se fijaba. Era observador. Escuchaba. Le gustaba la vida de allí. Tenía coche y aprendió rápido la conducción por la izquierda. Destaca la educación de la gente, el silencio, la ausencia de barullos, pero comía él a la europea. Antes de volver, había conocido a una chica, Verónica, 21 años, con la que tenía una gran amistad. Ella lo sintió y él también.

El regreso fue por Inglaterra, atravesando el Canal de Panamá. No se perdió ni un detalle del día y medio, impresionado, que duró el cambio de océano. El barco de trece pisos tenía por nombre: Five Star.

Vivió en Echuca (lago de Victoria). Visitó Nikon, en donde estuvo el Pablito. Estuvo en alguna fiesta. A su regreso, comenzó a trabajar en INITESA y en esta empresa permaneció durante 28 años.

De muchacho le gustaba cantar. Jotas sobre todo. Se compró el cancionero de Manolo Escobar (Mi carro, A mi madre hay que…), Acebes Mejía, Raimundo Lanas. Cantaba en La Amistad, con Barea y Cabecilla. Y en el coro, durante 24 años, en la novena. De Fitero le gusta su huerto en El Porretón. De España, Pamplona, Logroño, Zaragoza. Un personaje: su madre. Pacífica, educada, inteligente.

 

SERAFÍN OLCOZ YANGUAS

Por Jesús Bozal Alfaro

Revista Fitero-2021

Serafín Olcoz nació en Madrid en 1962, pero siempre sintió por Fitero, el pueblo de su madre, Fulgencia Yanguas, una enorme devoción. Para una persona tan ávida de conocimiento como él, la Historia de Fitero y de su Monasterio suponían un reto intelectual que llenó una parte importante de su vida. A ello contribuyó también su abuelo José Yanguas.

Conoció pronto a Manuel García Sesma, a su regreso del exilio mexicano. La admiración y respeto que sentía por él le animaron sin duda a profundizar en todos los temas fiteranos, buscando siempre impulsar nuevas vías de investigación.

Nos comentaba muchas veces que, cuando nació la Revista Fitero, en 1980, él, a sus 18 años, ya formaba parte de aquel pequeño grupo fundador. Lo conocimos mejor, sin embargo, más tarde, cuando, ya en 1983 y, sobre todo, en 1984, se hizo cargo de la revista. Serafín era un hombre tenaz, trabajador, con una personalidad bien definida, dispuesto siempre a ayudar. A nosotros, por ejemplo, para crear la plaza de alemán en la Sección de El Burgo de Osma de la Escuela Oficial de Idiomas de Soria, siendo él uno de los responsables de la empresa Huf España; o, en 2002, con motivo de las actividades del I Centenario del nacimiento de Manuel García Sesma. Sin olvidar su apoyo económico, a través de su empresa, para financiar, en 2003, el trabajo presentado al IV Premio Internacional Audiovisual Antonio Machado, que resultó ganador y al que fuimos a recoger juntos a Baeza. 

Si el filósofo soriano Antonio Pérez de la Mata fue, según Antonio Machado, un creador con “el temple del acero y la dureza del diamante”, nosotros podríamos decir lo mismo de Serafín Olcoz. Solo así consiguió publicar ocho libros y numerosas colaboraciones en revistas y prensa escrita, con trabajos en los que quedan recogidos documentos, datos y referencias bibliográficas que ayudarán a las jóvenes generaciones de investigadores e investigadoras a conocer y comprender mejor, entre otros temas abordados por él, la historia de un pueblo tan importante como el nuestro.

    En 1984, Serafín consiguió trasladar al corresponsal de El País en Navarra, Carmelo C. Ridruejo, la preocupación sobre el Monasterio que reflejaba aquel año la Revista Fitero. La media página que le dedicó el domingo 9 de septiembre este periódico supuso en la práctica el inicio de las obras de restauración y rehabilitación (cubiertas, ábsides, Claustro) de uno de los conjuntos monumentales más importantes de Navarra y de España. Durante aquellos años entrevistamos juntos a Balbino Badós, Presidente del Parlamento de Navarra (Fitero-84), Ángel Falces y Juan Díaz (Fitero-84) y Gabriel Urralburu, Presidente del Gobierno de Navarra (Fitero-85). El organizó, por su parte, los Cursos de Verano de la Universidad de Navarra, teatralizó “La Cueva de la Mora”, consiguiendo que el poeta Luis Alberto de Cuenca pusiera su voz en el relato. Fuimos siempre dos buenos amigos.

 

BIBLIOGRAFÍA

Tesis doctorales

 

Introducción de métodos formales aplicados al diseño de sistemas electrónicos basados en vhdl, Universidad de Zaragoza, 1994.

 

Análisis del contexto histórico, arqueológico y epigráfico de las inscripciones celtibéricas: la conquista romana de Celtiberia (218-167 a. C.), Universidad de Zaragoza, 2014.

 

Libros

San Raimundo de Fitero, El Monasterio Cisterciense de la Frontera y la fundación de la Orden de Calatrava, Asociación de Amigos del Monasterio de Fitero, Pamplona 2002. Memorias del Monasterio de Fitero del Padre Calatayud. Edición crítica. Gobierno de Navarra, Pamplona, 2005. El Tesoro del Patrimonio histórico de Fitero, Ayuntamiento de Fitero, 2007. Fitero Cisterciense, del Monasterio a la Villa (Siglos XII-XV), Ayuntamiento de Fitero, 2008. Apuntes para el estudio de la Historia de Fitero y del valle del Alhama, Fundación Navarra de Cultura, 2012. España, desde sus orígenes hasta después de la división de Celtiberia (226-167 a.C., Diputación de Soria, 2015. Los Baños Romanos de Fitero: Apuntes para el estudio de la historia de los Baños de Fitero, Fundación Navarra Cultural, 2017. Carlos V y el Claustro de Fitero, 2018. Los orígenes del Temple en el valle medio del Ebro: Antecedentes de la Orden del Císter y de la Orden Militar de Calatrava, 2019.

 

Revista FITERO

Ermita de Pedro Navarro, Fitero-80. Santa María de Yerga, Fitero-81. Una mezquita entre Fitero y Cintruénigo, Fitero-84. El motín de 1675, Fitero-84. Ópera prima del grupo de inestable conducta, Fitero-84. Recuerdos desde Marruecos.., Fitero-90. Molinos cistercienses de Fitero en el Medioevo, Fitero-99. Orígenes medievales de la Villa de Fitero, Fitero-2000. Inauguración de las obras de restauración de la Biblioteca del Antiguo Monasterio de Fitero, Acerca de… La donación a Corella al Conde la Perche y otros apeos fiterienses, El patrimonio cultural y la proliferación incontrolada de palomas, Una joya de quinientos años en peligro de extinción, Fitero-2001. De presas y regadíos, El antiguo Monasterio de Fitero necesita un plan director, Castillo de “Kallat-Rawaak”, Fitero-2003. La iglesia del monasterio de Castellón-Fiero, cuna de la Orden Militar de Calatrava, Fitero-2004. Entrevista a Serafín Olcoz Yanguas, Fitero-2004. Lope de Fitero consagró la Mezquita de Córdoba (1239), Fitero-2005. Serafín Olcoz presenta un nuevo libro de Fitero, Fitero-2008. 120 años no es nada. Fitero-2013. Una posible noticia acerca de Ramond de Saint-Gaudens, Fitero-2013. ¿Desde cuándo está el Cristo de la Guía en su retablo del transepto?, Fitero-2014. El fortín fiterano, ¿de la Guerra Civil española (Trienio Liberal, 1820-1823?. Fitero-2015. Piritas en el camino de Sanchobarón, Fitero-2015. Los conflictivos orígenes del pantano de la Nava, Fitero 2016. El Monasterio de Fitero no existe, Fitero-2017. Carlos V y el claustro de Fitero, Fitero-2018. Las hornacinas de San Antonio de Padua, el itinerario de los auroros y la muralla del siglo XVII, Fitero-2020.

 

Otras publicaciones

VHDL, algo más que simulación dirigida por eventos discretos, Novática: Revista de la Asociación de Técnicos de Informática Nº 112-113, 1994. El coto redondo del Monasterio de Fitero, Graccurris, Nº 15, Alfaro 2004. Niencebas (Alfaro): primitiva sede del primer monasterio cisterciense de la Península Ibérica. El Monasterio de Fitero, Graccurris: Revista de estudios alfareñosISSN 1132-9610, Nº 15, 2004, págs. 131-170. Fitero, sede de dos cursos universitarios de verano sobre la historia del Císter, Cistercium: Revista cisterciense, nº 238, 2005. La iglesia del monasterio de Castellón-Fitero, cuna de la orden militar de Calatrava, Cistercium: Revista cisterciense, n 238, 2005.  Segunda edición de los Cursos de Verano de Fitero, Cistercium: Revista cistercienese, nº 242-243, 2006. Notas sobre la reconquista de Calahorra (1045), Kalakorikos, Nº 14, Calahorra 2009. Bécquer en Fitero: Leyendas, mitos y algo de Historia, Revista del Centro de Estudios Merindad de Tudela, Nº 17, 2009. Pampaneto, el monasterio de San Fructuoso y su influencia en la organizaicón del valle riojano del río Leza, baja la monarquía pamplonesa (siglos X y XI) (Pampaneto, the monastery of the Saint Fructuoso and his influence in the organization of the Rioja valley of the river Leza, during the monarchy of Pamplona (10th and 11th centuries), Espacio, tiempo y forma, nº 22, 2009. Fitero y el Camino de Santiago a mediados del siglo XII, Revista del Centro de Estudios Merindad de Tudela, Nº 18, 2010. Fortún Ochoaz, las tendencias pamplonesas de Viguera, Cantabria, Meltria y el mítico origen del Señorío de Cameros, Berceo, nº 158, 2010.  En torno a la ubicación del castro Silbaniano y de la fortaleza de Sajrat Qais, Príncipe de Viana, nº 250, 2010.  El “Buen Padre” Fortún Sánchez, la tenencia de Nájera y otras tenencias relevantes del reino de Pamplona, durante la primera mitad del siglo XI, Píncipe de Viana,nº 249. 2010. El monasterio cisterciense de Fitero, diócesis de Calahorra, Kalakoricos, nº 16, Calahorra, 2011. Una posible noticia acerca de Raymond de Saint-Gaudens antes de ser el primer abad del primer Monasterio cisterciense de la península ibérica, Príncipe de Viana, Nº 255, Pamplona 2012. Pedro Tizón, una primera aproximación al estudio de un noble caballero del siglo XII. Príncipe de Viana, nº 257, Pamplona 2013. El amojarife Bon Juda en la fundación de la Orden Militar de Calatrava, Raíces: revista judía de cultura, nº 95, 2013.  Íñigo y Fortún López: los dos primeros tenentes de Soria, durante el reinado de Alfonso I de Aragón y Navarra, Bercero, nº 174, 2018. Cuatro Lope López en el reino de Aragón y Pamplona: el origen del linaje Almoravid, y sus relaciones con Liédena, Calahorra y otras tenencias del valle del río Ebro, Kalakorikos, nº 23, Calahorra, 2018. La Orden Militar de Calatrava y el reino de Navarra en los siglos XII-XV, Revista aragonesa de emblemática, nº 25, 2019. El inexistente monasterio de Yerga y el origen del Monasterio de Fitero, Príncipe de Viana, nº 80, 2019.

 

Prensa

V Centenario de la fundación de la Villa de Fitero, Diario de Navarra, 16/05/1982. Hallazgo arqueológico en los Baños de Fitero, Diario de Navarra, 5/08/1982. Los orígenes romanos de Fitero, Diario de Navarra, 23/11/2005.

 

Programas de Fiestas

Eleras de Fitero, 1982. La Bandera de Fitero, 1983. Sobre la leyenda de nuestra Patrona, 1985. Comentarios a los trabajos históricos de Manuel García Sesma y del P. Manuel Calatayud sobre la biografía del Patrón de Fitero, 2004


JOSÉ BOZAL ALFARO


1969-1971: Presidente de la Sociedad Recreativa la Amistad de Fitero.

1979-183: Concejal del M. I. Ayuntamiento de Fitero. Primera legislatura.

1983-1987: Primer Teniente de Alcalde del M. I. Ayuntamiento de Fitero. Segunda legislatura.

1984-1988: Presidente de la Comunidad de Regantes de Fitero.


Diario de Navarra, 10 de septiembre de 1992

A 21.418.775 pesetas -incluido el 13% de IVA- ascenderá el importe total de las obras de construcción de una presa sobre el río Alhama en término de “La Huerta”, cuya ejecución ha sido promovida por el sindicato de Riegos de Fitero.

Para la realización de los trabajos, la comunidad de regantes en cuestión cuenta con una subvención de 16 millones de pesetas, a cargo del Gobierno de Navarra. Según precisaba el presidente del sindicato fiterano, “con la construcción de la presa, pretendemos recoger el agua que se filtra del curso del Alhama en el arranque de la acequia de Somero, y que según nuestras estimaciones, podría perderse aproximadamente en un treinta por ciento”. José Bozal reconocía que habida cuenta de la cantidad tan escasa que circulaba por el Alhama, “no es que cuantitativamente sea muy considerable, pero en una zona como la nuestra entendemos que es una pérdida que nosotros no podemos permitirnos.”

Según Bozal, “con la construcción de la presa evitaremos tener que gastarnos anualmente cerca de 250.000 pesetas, ya que en cuanto se produce en avenidas, se nos rompe el dique.”

Negociaciones con otros sindicatos

Durante el periodo de exposición pública, no existieron alegaciones al proyecto por parte de los sindicatos de Cintruénigo y Corella.

En este sentido, el presidente de la comunidad de regantes de Fitero reconoció que con la última de las localidades, en materia de agua para el riego, se está consiguiendo una importante dosis de acercamiento. José Bozal, en este aspecto, afirmó: “Me veo precisado a decir que Francisco Chivite Aliaga (presidente del sindicato cirbonero), ha demostrado mucha receptividad ante nuestro proyecto, y eso es muy de agradecer. Cintruénigo no ha alegado nada en contra y como contraprestación, los regantes fiteranos retiraremos las impugnaciones que en su día hicimos al recrecimiento de la presa de Llano. Si que con el problema de las aguas hemos tenido roces y enfrentamientos, por eso nos satisface poder hablar de la comprensión demostrada por Francisco Chivite”. No obstante, José Bozal señaló que desconocen el posicionamiento de Corella, “porque actualmente su sindicato está sin junta, aunque como decía antes, no hemos registrado alegaciones contra nuestro proyecto”.

 

De ejecución inmediata

Uno de los requisitos con los cuales el Gobierno de Navarra arbitró la subvención para Fitero, fue que las obras de la presa se iniciaran dentro del actual 1992. El proyecto ha sido redactado por e ingeniero pamplonés Eduardo Pérez de Eulate, y además de la construcción de la presa –“Azud” la denomina el estudio de los técnicos- lleva implícito el acondicionamiento de las gravas y piedras de agua arriba, para formar una acequia que conduzca los escasos caudales de estiaje a través del canal de derivación existente.

La longitud de la presa será de 39 metros, estando unida por la izquierda al canal antes mencionado, y empotrada a lo largo de cinco metros. En consecuencia, la longitud útil será de 34, El perfil transversal será un trapecio, cuyas bases medirán respectivamente, 1,70 y 4,10, y atendiendo a la permeabilidad del terreno, se construirá en hormigón armado. La altura llegara a 0,90 metros.

La obra se complementará con una defensa de márgenes, protegiéndose la izquierda con una escollera de 142 metros, de los cuales 73 lo serán aguas arriba del azud, y 69, de la obra hacia abajo. La margen derecha se protegerá a su vez con otra escollera de 155 metros, cuyo punto medio coincidirá precisamente con la ubicación de la obra. Las obras requerirán el dragado y limpieza del lecho del Alhama, en unos 30 metros.

El procedimiento de adjudicación de los trabajos, será por el sistema conocido como “directo”. La propiedad valorará a tal efecto la idoneidad del programa de trabajo, propuesta económica, plazo de ejecución, clasificación y experiencia en la empresa.

ROMERA




                                                                                      Diario de Navarra, 10 de diciembre de 1992


                                                                                         Diario de Navarra, 6 de mayo de 1994

1988-2006: Fiscal primero del Juzgado de Paz de Fitero.

1998-2002: Presidente de la Bodega Cooperativa San Raimundo de Fitero.

2001-2005: Consejero de Agralco Cooperativa de Estella.

2002-2004: Interventor de cuentas A.C.A.M. de Pamplona.

2001-2013: Consejero y Vicepresidente de la Almazara del Ebro de Cintruénigo.

2019-2023: Desde noviembre de 2019, colaborador del Gobierno de Navarra de la estación Meteorológica AEMET. 

 

 


[1] Se trata de una persona muy ilustrada. Habla cuatro idiomas y ha sido, durante 25 años, secretaria del Premio Nobel de Medicina, Bernardo Houssay. En la foto aparece con el doctor Enrique Belocopiow, director del Programa de Ciencia y Técnica.

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